Pasar al contenido principal
#217016

Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026

25 de agosto de 2026
Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2026
Imagen:
de referencia.

En medio de un mundo con “múltiples crisis”, en el que se atestigua “un gran sufrimiento humano”, el Pontífice recordó que “es claro el camino que tenemos por delante, aunque no sea fácil”, pues “estamos llamados a dejar que nuestros corazones sean renovados, de tal manera que favorezcamos la paz y el cuidado de la creación”.

Así lo expresó en su mensaje para la 11ª Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, que tiene como lema “Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas” y que se celebrará el 1 de septiembre de 2026.

León XIV, retomando las palabras del profeta Isaías que fueron tomadas como lema, exhorta a atravesar los propios “desiertos interiores”, signos de una crisis ética y cultural actual que incluye la pérdida del sentido de los límites, el deseo de dominación y la búsqueda del beneficio inmediato.

El drama de los esfuerzos orientados a la guerra

En el texto, el Papa reconoce que las crisis que asfixian a la sociedad actual no están desconectadas entre sí, sino que constituyen una única herida que solo puede sanarse a través de la paz. No la paz del mundo, superficial y fugaz, sino aquella “que mana desde el perpetuo amor de Cristo y de su interés por cada persona humana”.

Sin embargo, esta promesa de paz contrasta notablemente con las realidades que vemos en muchas partes del mundo. El profeta Isaías habló de una época en la que las naciones «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4), transformando lo que destruye la vida en aquello que la sostiene. Pero hoy, frecuentemente somos testigos de lo contrario, mientras los esfuerzos se siguen centrando en la violencia y la guerra.

Los círculos viciosos de las guerras y la degradación ambiental 

Desde los campos de batalla, los conflictos amplían su ámbito de influencia, interactuando de manera nociva con la degradación ambiental. Así se alimentan círculos viciosos que “destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua”. Esto, a su vez, socava la seguridad de los alimentos,  lo que genera pobreza, desigualdad y nuevos conflictos sociales que pueden contribuir al resurgimiento de conflictos futuros.

“La guerra, escribe León, crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida, dañando no sólo a individuos y comunidades, sino a su amplia red de relaciones con la entera familia humana, así como su armonía con la creación”.  

Esto revela “un fracaso más profundo cuando se trata de vivir a imagen y semejanza de Dios, de respetar la vida y de cuidar la tierra que se nos ha confiado”.

No es sólo un fracaso político, sino también moral y espiritual. La guerra, arraigada en deseos distorsionados y en el mal uso de la libertad y el poder humanos, constituye un antitestimonio del Evangelio de la paz.

La condición del corazón humano

“Las crisis mencionadas anteriormente no sólo exigen responsabilidad sino también una conversión del corazón que rinda frutos en una fidelidad más profunda a Dios, en el amor mutuo y en el respeto por el don de la creación”, continúa el Papa. “Las discordias que presenciamos en el mundo como la violencia, la injusticia y el daño ecológico, no resultan simplemente de estructuras o sistemas imperfectos; son el síntoma de una profunda dicotomía arraigada en la misma humanidad”, observa. En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída. De hecho, en el interior de cada uno habitan deseos contradictorios y luchas profundas: amor e indiferencia, verdad e ilusión, justicia e injusticia.

Los conflictos que atormentan a la humanidad, de diversos modos, son la expresión exterior de la discordia y división interiores. Cuando el corazón está distorsionado, las relaciones sufren y las estructuras que construimos comienzan a reflejar ese desorden.

Renovar los corazones

Para resaltar mejor este concepto, León XIV toma prestada la metáfora utilizada por Benedicto XVI en la homilía de la misa con motivo del inicio de su ministerio petrino: Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores.

“Lo que está arruinado en nuestro entorno, de alguna manera también lo está dentro de nosotros”. Por tanto, para construir una sociedad pacífica, es necesario no sólo “reformar estructuras, sino renovar nuestros corazones”.

Las causas subyacentes del conflicto y la explotación de la creación provienen de una crisis ética y cultural, así como de una pérdida del sentido de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona humana.

Mensaje completo para esta jornada

Aumentar
Fuente
Disminuir
Fuente

Otras noticias

#217016
#277518
#217016

Noticias relacionadas