El llamado a ser compasivos y misericordiosos con quienes más lo necesitan ha sido recurrente en nuestra Arquidiócesis de Bogotá; salir al encuentro de las periferias existenciales a sembrar la esperanza, a ser signos de solidaridad y fraternidad, a reconocer su realidad y a hacernos presentes en ellas para acogerlas, escucharlas y acompañarlas ha sido la puesta en marcha de nuestro Camino Discipular Misionero que como Iglesia local estamos viviendo y que, particularmente este año nos llama a vivir la salida misionera, a ser misioneros en los contextos y con las realidades humanas que más lo necesitan.
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